

El otro día estuvimos en San Sebastian de Garabandal que es un pueblo bastante remoto de aqui en el que hubo unas apariciones milagrosas en los años 60, pero que no están reconocidas por la Iglesia. El caso es que el arcángel Miguel se apareció a cuatro niñas para anunciarlas que iba a aparecer la Virgen y luego pues se apareció ella para no dejar mal al arcángel, supongo. Aunque no está reconocido como aparición ni milagro ni nada, hicieron un santuario (más feo que picio) y el tercer domingo de cada mes hacen una misa y va bastante gente (para tratarse de un sitio tan remoto), así que nos fuimos para allá con los perros y unos amigos de mi hermana porque tenían curiosidad y porque decían que se notaba algo extraño en ese sitio. Y como a nosotros nos va mucho todo lo paranormal, pues decidimos apuntarnos a la excursión, para ver si notabamos los poderes telúricos o lo que fuera eso, pero no notamos nada de nada y los perros que son más sensibles para estas cosas, tampoco, así que mientras los amigos se quedaron a oír la misa, nosotras nos fuimos a ver los alrededores con los perros. Y nos encontramos con un viejito que cuando le dijimos que éramos de Laredo, nos contó que él era uno de los que se habían comido la famosa ballena que fue la causa de la enemistad entre Laredo y el pueblo de enfrente, que es Santoña. Se trata de una ballena que arribó al puerto de Santoña en 1942 y la leyenda cuenta que al día siguiente de aparecer desapareció, sólo quedó el esqueleto y los de Santoña dicen que fueron los de Laredo los que se la comieron y por eso los llaman tiñosos, porque cogieron la tiña por comerse la ballena enferma. En realidad, se subastó en la lonja y la carne se repartió, pero nos hizo mucha gracia que el viejito dijera que habían sido los soldados que estaban haciendo la mili en Santoña los que se la comieron y él entre ellos, jajaja, quería seguir contribuyendo a la leyenda de la dichosa ballena.
Luego, nos fuimos al Monumento Natural Bosque de Secuoyas del Monte Cabezón, que está en Cabezón de la Sal y allí estuvimos un rato paseando entre los árboles, que tienen una corteza rojiza que hace que el bosque se llene de colorido con la luz del atardecer. Es un sitio curioso porque hay muy pocos bosques de secuoyas en España y éste en concreto, se plantó en los años cuarenta y se ha conservado en bastante buen estado, aunque no es muy grande (2,5 hectáreas).
Que hermosos lugares Minu, ya habia visto hace un tiempo este tu blog, pero no habia podido dedicarme a mirarlo con la atención que se merece... que maravilla, adoro esos lugares con tanta vida, naturaleza, pero también tanta historia... por esta zona donde vivo puros campos sembrados y vacas nomás
ResponderEliminar:( asi que no se ven lugares así... gracias por compartirlos.
Un besote